Los verdaderos
héroes si existen

el grupo familiar la decisión más difícil. Dejar sus tierras, su vivienda, sus recuerdos y huir para defender la vida y buscar nuevas alternativas

Por: Ayda María Martínez
El salto a la educación
Para José Mario, su experiencia como educador estaba limitada a las orientaciones que brindaba a sus cinco hijos, quienes siempre le consultaron sus inquietudes generadas por las tareas del colegio.

Pero la llegada de la familia Serna a Pavarandó Antioquia, corregimiento de Mutatá, tras un éxodo masivo de la región de Riosucio que sacó a unas 10 mil personas de su entorno. Representó para este autodidacta y curioso lector un nuevo reto: el de educar no sólo a sus hijos, sino a un grupo de menores de edad que necesitaban seguir adelante con su formación primaria.

Él, encantado asumió esta nueva labor, la de transmitir sus pocos conocimientos a menores ansiosos por encontrar en la educación, así fuera improvisada, una opción para soñar en nuevas oportunidades y escapar de la realidad que les planteó la agudización del conflicto interno a sus vidas.

Inmediatamente esta realidad hizo que además de conocimientos básicos de primaria, y el seguimiento juicioso del programa departamental de educación “retorno a la alegría”, lo convirtiera en el líder de su comunidad que lo veía como el maestro ejemplar a seguir.

Solidario por convicción
Además, ante tantas necesidades, terminó aprendiendo habilidades en materia de enfermería que les permitió brindar atención básica en salud a niños que, en condiciones de hacinamiento, sufrían seguido ataques contra su salud.
Pero, una nueva jugada del destino, sacaría a este maestro por convicción de esta tarea. Un problema de salud lo desplazaría nuevamente, esta vez a Apartadó, Antioquia, y lo sacó de la improvisada escuela de carpas en la que aprendieron los menores desplazados como él.

Sin embargo, de no haber sido por esta experiencia de educador en medio del conflicto, José Mario no sería hoy el incansable luchador de los derechos a la educación de las niñas, niños y jóvenes que a diario recibe la ciudad de Quibdó, en el departamento del Chocó.

Su labor en el Comité de Desplazados de Gestión y Veeduría Departamental (Codegeved), es justamente esa. Los primero que hace apenas atiende a las familias afectadas por los embates del conflicto interno es preguntarle si ya está solucionada la educación de los menores que fueron afectados por este fenómeno. En seguida les consigue cupo en una de las entidades públicas de educación habilitadas para este servicio, porque él es un convencido que la ausencia de educación en esta región del país ha sido la encargada de alimentar ese ciclo de odio y violencia que deja la falta de oportunidades.

A eso se ha dedicado los dos últimos años, a concientizar a todas las familias de desplazados que hay que defender los derechos fundamentales de cada uno de los miembros de las familias afectadas, pero sobre todo a orientar a quienes impactados por efecto de una acción de los actores armados, pierden la noción del panorama y siguen alimentando el circulo vicioso de no hacer respetar sus derechos fundamentales. Arriba >>

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