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Pirámides y otros escándalos sepultan el dolor por nuestros jóvenes
Por: Miguel A. Chavarro Buriticá
sobretodoburitica@escuelapais.org
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Pirámides y otros escándalos sepultan el dolor por nuestros jóvenes
Por: Miguel A. Chavarro Buriticá
sobretodoburitica@escuelapais.org
Es que la crisis global de la economía que necesariamente nos afecta como país, y el paro de los corteros de caña, el de la justicia resuelto “por las buenas”, el desfile de congresistas hacia la cárcel, el invierno puntual de los octubres, arrasando cosechas, vidas y esperanzas. Todo se confabula para que el país olvide que nos están matando a los muchachos.
Al interior de algunas organizaciones, como las cooperativas de maestros y los sindicatos de maestros hemos venido preguntándonos acerca de si todos los esfuerzos por dignificar la educación y la formación de nuestras niñas, niños y jóvenes, como en la administración de Bogotá y en muchas otras, no viene siendo una labor triste cuando seguimos indiferentes ante la ola de violencia y horror que viene acabando con sus vidas.
Nos parece absolutamente enemigo de esta iniciativa no sólo la indiferencia, sino también la época, la finalización del año escolar; pero sea hoy, o mañana, o pasado mañana, o el año entrante, creemos que la escuela debe hacer un alto y dedicarle un tiempo a la reflexión acerca de los crímenes que parecen ya incontables, de nuestros muchachos por toda la geografía nacional. No puede seguir ocurriendo que la sociedad toda, admita, que con el pretexto de combatir el terrorismo y mostrar resultados que les permitan a “los buenos” irle ganando la guerra a “los malos”, se siga asesinando a nuestros humildes muchachos. No, la escuela debe hacer un esfuerzo por sensibilizar a la sociedad frente a estos temas; la escuela debe hacer algo más por la esperanza y por cuidar la vida.
En este sentido le hemos propuesto al profesor Abel en Bogotá, pero también a todos los secretarios de educación del país, a los maestros quienes tenemos la responsabilidad de educar a niñas, niños y jóvenes de Colombia, convoquemos a la sociedad, en un ejercicio que comience en la escuela, para que nos dediquemos a analizar la situación actual y a ofrecer alternativas para que entre los colombianos la vida vuelva a ser un derecho inalienable, sagrado, y la esperanza vuelva a existir y a tener sentido en el imaginario de la juventud.
Si otras veces la escuela “ha parado” por tantas y tan válidas razones, ¿por qué no detenernos a reflexionar sobre el valor de la vida? Dejamos en sus manos nuestra propuesta y nuestro llamado; la construcción del conocimiento sin la comprensión de la importancia sobre los valores fundamentales, de poco le van a servir a la escuela como saldo al final, debemos utilizar el poco de cordura que puede aportar la institución y la autoridad que representa como líder natural de las comunidades para seguir defendiendo la vida de nuestros niños y jóvenes.
ESCUELA PAÍS Editorial
Año 6. Noviembre - Diciembre 2008 No. 63
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