La importancia de ofrecer
una excelente educación y formación infantil

Hoy concebimos al niño y a la niña como seres activos dentro de su propio proceso de aprendizaje, lo que en la práctica supone aplicar metodologías a través de las cuales puedan vivenciar, percibir y conceptuar acerca del contenido de sus propias experiencias.

Por: Giovanni M. Iafrancesco V. PhD
Miembro Correspondiente Academia Colombiana de Pedagogía y Educación.
Director Corporación Internacional Pedagogía y Escuela Transformadora CORIPET

La premisa según la cual “la actitud precede a la aptitud” cobra especial importancia en la educación y formación infantil, más aún si se tiene en cuenta que es la primera vez que el niño se ve expuesto a una estimulación más formal y estructurada, donde el desarrollo de una actitud positiva será determinante en los resultados de su escolaridad futura.

Una preocupación permanente que mantenemos los educadores – mediadores es hacer día a día más coherente teoría y práctica pedagógica, por esto, con un enfoque constructivista del desarrollo psicobiológico del individuo, apoyado en buena parte en los estudios y trabajos realizados por Piaget y en los lineamientos básicos que constituyen la Escuela Transformadora, de forma lúdica, activa, constructiva y productiva, nos hemos ido preocupando por: el interés del niño, el ambiente en el que se encuentra, las nociones que debe adquirir, los hábitos y habilidades que debe lograr, las dimensiones que debe desarrollar, el nivel de lenguaje que debe tener, su socio-afectividad, su desarrollo ético y moral, su inteligencia, creando centros de interés, estructurando espacios dinámicos de formación, integrando áreas, creando proyectos y cambiando los roles tradicionales que siempre han tenido los educandos y los educadores.

El interés y la motivación son el punto de partida de todo aprendizaje autónomo y significativo. Esto implica que si el niño no le encuentra sentido o valor a lo que hace, el aprendizaje será estéril y se traducirá en la memorización y mecanización de datos y procedimientos carentes de sentido. Ahora bien, para que los intereses se manifiesten se requiere un ambiente libre que propicie su aparición y donde el autoritarismo y la represión estén totalmente ausentes de las aulas de clase, pero aceptando la exigencia necesaria para ayudar a la formación integral: “dulce firmeza”, una balanza adecuada entre “la afectividad y la exigencia”, distinta a la alcahuetería y la intransigencia.

Un ambiente de estas características exige necesariamente un replanteamiento de la autoridad del adulto. El educador infantil es un guía y mediador que orienta, ofrece alternativas y genera los espacios dinámicos de formación, para que los niños y niñas puedan desarrollar una disciplina personal y la posibilidad de ser solidarios y cooperativos con su grupo.

No existen contenidos predeterminados. Lo único que está previamente establecido son los objetivos que se persiguen con los niños y niñas de acuerdo con su edad, en las diferentes áreas del desarrollo, pues más que buscar el aprendizaje de un contenido, nos preocupa que los niños y las niñas adquieran los aprestamientos y las herramientas que les permitan aprender a ser, a sentir, a actuar, a vivir, a convivir, a saber, a saber hacer, a pensar, a aprender y a emprender.

La experiencia física, así como la interacción social, son las principales fuentes de conocimiento, por eso el educador-mediador infantil es de singular importancia, dado que es él, en gran medida, la persona que, a partir de la observación de las acciones, expresiones y comentarios de los niños y niñas, diseña las condiciones y los intervenciones que faciliten su desarrollo integral.

Este planteamiento es particularmente válido en las áreas lógico - matemática y del lenguaje. Esta última, que merece una explicación adicional, se apoya en la concepción del niño como un ser que trata activamente de comprender su lengua oral y escrita y en ese proceso de construcción formula y pone a prueba sus propias suposiciones (a manera de pre – hipótesis). La rapidez con que se acceda al código alfabético depende de las capacidades cognoscitivas del niño, generalmente asociadas con su edad cronológica, así como el tipo de estímulo que le proporciona su medio ambiente (grupo, educador, familia, entorno natural, etc.), tanto en lengua materna como en una segunda lengua.

En esta etapa donde existe una total indiferenciación entre dibujo y escritura, los niños y niñas empiezan por definir tales fronteras, pudiendo luego establecer con claridad la diferencia entre escribir y dibujar (etapa global).

Posteriormente, las letras comienzan a ser vistas como objetos sustitutos que dicen algo diferente a lo que ellas son, adquiriendo gradualmente un valor estable al iniciarse la asociación sonido-grafía. Escribir en ese momento será darle a cada sílaba el equivalente de un solo signo gráfico (etapa silábica). Después hay una etapa de transición caracterizada por la presencia irregular de todas las grafías que constituyen una palabra, siendo frecuentes las omisiones (etapa silábico-alfabética), al no haberse consolidado totalmente la asociación sonido-grafía. El final de este proceso es la etapa alfabética en la que cada sonido tiene su respectiva representación a nivel gráfico: luego: la lectura y la escritura.

Desde la perspectiva de una pedagogía transformadora, el rol del educador - mediador consiste en multiplicar las situaciones en las que el niño y la niña presencien y realicen actos de lectura y escritura resaltando, desde un comienzo, su función comunicativa. Pueden y deben organizarse grupos en los que preferiblemente haya heterogeneidad en el nivel de desarrollo lecto-escrito, buscando, de esta manera, que la interacción entre los mismos niños, así como las intervenciones del educador - mediador, produzcan las condiciones de desequilibrio necesarias para que estos avancen en su proceso adquiriendo, gradualmente, una mayor precisión acerca de lo que es leer y escribir y una mayor conciencia de las correspondencias sonido-grafías. Esta forma de concebir y estimular el proceso de construcción de la lengua escrita se apoya en los trabajos e investigaciones realizadas por Emilia Ferreiro y Ana Teberosky.

También desde esta perspectiva, la escritura y la lectura son vistas como medios e instrumentos para expresar y transmitir significados. Así, la lectura nunca puede identificarse con el descifrado o decodificación de las grafías en sonidos. Contrariamente, la lectura supone, desde un comienzo, la posibilidad de comprender de inmediato el significado de un texto escrito, sin la mediación de ningún mecanismo o técnica como condición previa. Una concepción como ésta, cuyo énfasis está puesto en la comprensión y la búsqueda de significado, supone necesariamente la adopción de un enfoque global en el proceso de enseñanza de la lectura.

La integración de las áreas, a partir de los intereses del niño, hace que todo aprendizaje se vuelva significativo. Se trata de integrar a la enseñanza el interés general del grupo, procurando evitar que los conocimientos se presenten de manera parcelada y atomizada. Lo que se busca desde un comienzo es que el niño y la niña adviertan la profunda interrelación existente entre los diversos fenómenos, sean estos físicos o sociales, y supone también que el tiempo se maneje de una manera flexible y no existan horarios rígidos que limiten el desarrollo de las actividades. El trabajo por proyectos facilita esta tarea.

El desarrollo de la socio-afectividad es otro de los aspectos que en la educación infantil tiene un especial énfasis. Se busca, en primer lugar, preservar y fortalecer la autoestima y el sentimiento de valía personal, estimulando la capacidad para tomar decisiones y resolver problemas en forma independiente. Esto implica necesariamente asumir con responsabilidad las consecuencias de los actos así como el respeto por la libertad y los derechos de los otros. A este nivel, el respeto a las reglas y normas se concibe como el resultado de una necesidad sentida por el grupo, siendo entonces los niños y las niñas los encargados de elaborarlas y garantizar su cumplimiento. Se insiste también en aspectos puntuales del desarrollo socio - afectivo como son la formación y fortalecimiento de los hábitos de trabajo, orden y aseo, la atención y el seguimiento de instrucciones, el método y ritmo de trabajo, así como la resistencia a la fatiga y la persistencia y perseverancia en el logro de objetivos.

Los principios enunciados se concretan en la práctica en centros de interés y proyectos como forma de trabajo. El interés, concepto clave de la nueva pedagogía, hace que las actividades escolares revistan un cariz diferente para el niño. Como bien lo afirmó Freinet, “si el interés general de la clase no se sigue y no se integra a la enseñanza, el pensamiento infantil se desintegra y aparecen la apatía y el aburrimiento”. Lo importante entonces, es que el niño sienta el valor, el sentido, la necesidad y la significación individual y social de lo que hace.

Los centros de interés y los proyectos buscan ante todo crear situaciones que sean significativas para los niños y en las que puedan exteriorizar y dar rienda suelta a sus inquietudes y necesidades; por tanto, en la determinación del tema es el grupo de niños el que juega el rol mas activo en la medida en que son ellos los que deciden su contenido. El educador - mediador, a su turno, debe retomar estas propuestas y diseñar con el grupo proyectos concretos en los que se materialice el centro de interés a lo largo del año, del semestre o de los períodos escolares.

La integración de las áreas se hace alrededor del centro de interés, lo que supone como requisito una gran claridad en los objetivos que en las distintas áreas se pretende lograr. Queda claro porqué el centro de interés es una forma de trabajo que, por su misma naturaleza, facilita el desarrollo de aspectos tan importantes en el desarrollo socio-emocional como la responsabilidad y autonomía y la capacidad para trabajar en equipo con todo lo que ésto implica, así como el trabajo manual y creativo y las habilidades de observación e investigación. Los niños y las niñas deben ser permanentemente animados a profundizar en el tema escogido y deben ser bien recibidos los libros y materiales, así como las sugerencias y propuestas que enriquezcan y aporten nuevos elementos al trabajo. De la misma manera debe insistirse en la expresión gráfica, buscando que el niño explore diversos materiales y plasme en ellos los temas y personajes que constituyen su centro. En este tipo de situaciones se estimula muy especialmente el trabajo en equipo que por consenso debe decidir qué se va a realizar o construir y definir las funciones de cada uno de sus miembros.

Este corto artículo nos permite comprender la importancia de una buena educación infantil y la forma como los educadores – mediadores, los niños, las niñas y los padres de familia debemos enfrentarla y cómo debe asumirse este compromiso en una institución educativa. Por eso mi invitación a leerlo detenidamente, con postura crítica constructiva, para cualificar procesos y productos. Arriba>>

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